Un pequeño gigante
En esta historia me tengo que remontar a los años 40, pero
sin obviar que 10 años antes había un defensor central argentino de apellido
Paternoster que disputo la copa mundial de futbol de Uruguay 1930.
Thiago Benjamín Paternoster juega en la 2013 del Club Social
y Deportivo Mar De Ajó. Es un falso 9 (delantero) que un dia quiso ser arquero
y su comida preferida es la milanesa napolitana.
Lo mágico de leer con la pausa necesaria, aguantando con el
pecho la siguiente frase para terminar de entender cuando levantar la cabeza y
pensar, es fundamental para comprender historias que no son casualidades, sino causalidades;
siempre habrá conexión a la hora de definir.
De chiquito lo veían patear en la playa con mucha fuerza y
aquellos que esperan hasta la última gota de sol no dejaban de asombrarse.
Hay personas que deciden ir por lo seguro, por no cambiar y
existen otras que eligen convivir con el miedo. Respeto ambas personalidades,
pero me quedo con el que encara al central que es más grande que uno.
En el año 40 existía el restaurant Napoli, frente al Luna
Park y un viajero siempre iba a comer su famosa milanesa.
Fernando Paternoster no solo disputo la copa mundial de 1930
sino que también fue participe de la medalla de plata obtenida en los juegos
olímpicos de 1928 y campeón de la copa américa en 1929. No tengo en claro si
hay alguna relación con el Titi más allá de su apellido, pero vamos a jugar un
rato.
El abuelo Julio empezó a seguir los pasos del tátara tátara tío
Fer, rompía zapatillas y botines en Buenos Aires pateando la redonda, herencia
que seguiría el tío Pablo “Pata” y papá, pero ya con los colores más lindos;
los del Social Mar de ajó.
A los 4 años ingreso en la escuelita con los sueños intactos
que con el tiempo se irían cumpliendo, esos de gritar goles bajo el sol, con el
verde debajo de los pies y mirando a la tribuna en donde siempre están los
suyos. Sin embargo el presente se detuvo, de manera abrupta, postergando ese
sueño en una de las peores situaciones que nos ha tocado vivir. En 2020 una pandemia
azotaba al mundo y era hora de romper copas, platos en nuestro hogar, debíamos
quedarnos en casa.
Los colores azul y blanco no fueron los únicos en su vida, el
falso 9 un dia se levantó con la idea de evitar lo que mejor hace; goles. Se
calzo los guantes y estaba dispuesto a pararse bajo los 3 palos. El destino fue
un club vecino que también ha sido importante en su vida.
El viajero que concurría asiduamente al restaurant Napoli en
el mismo horario siempre, un dia se atrasó y es donde se produjo, mediante una
decisión sabia, uno de los inventos más deliciosos de la historia.
En el libro de los paternóster existe una leyenda que
algunos miembros de la familia creen y otros no. Pablo dice que es un mito
mientras que Nico asegura que fue cierto, que cuando se levantó esa noche sintió
algo en la habitación de Thiago.
Según cuenta Julio (el correntino le decían), en los días
previos al encuentro entre All Boys y Social Santa Teresita tuvo una visión
dentro de un sueño profundo durante una hermosa siesta de invierno. El tátara
tátara tío Fer iría a visitar al Titi para decirle que su puesto en la cancha
era otro, que él no debía evitar alegrías, sino otorgarlas.
El viernes a la noche, como asegura Nico, sintió algo en la
habitación de Thiago. Al dia siguiente El Titi ya no quería atajar, su deseo
era ser el 9 del equipo. El técnico acepto y, el ahora 7 de Mar de Ajó, debuto
con un gol. Algo paso ese viernes, perdón Pata, pero yo creo la historia: el
tátara tátara tío Fer tuvo algo que ver.
Fanático de Spiderman como todo ser humano de bien y de
Garnacho. Constante con su meta, porfiado en demostrar que no se equivocó con
lo que está haciendo; jugar a la pelota. Va al gimnasio, a natación, anda en
bici con sus amigos y a veces se cae. También llora de bronca como un adulto y
se ríe muchísimo como un nene. Peter Parker tuvo que asumir una gran
responsabilidad, porque un gran poder conlleva eso. El Titi juega con eso
dentro de una cancha, con la carga auto exigida de meter goles sin olvidarse
que es un juego; eso lo transforma en un pequeño gigante.
El destino en algunas cosas es muy obvio y no va con esta
historia tan compleja en donde jugamos con diferentes sistemas; Thiago Benjamin
Paternoster debía jugar en Mar de Ajó; en el Social. En esa cancha en donde
debuto en primera muy jovencito su papá, en el mismo césped que su tío quedo
inmortalizado como uno de los máximos ídolos y goleadores del club, en la que
cada domingo ríe con sus amigos, con sus profes y dedicándole, mediante un corazoncito
hecho con las manos, un gol a mamá. El Titi debía jugar con la 7 de la familia más
grande mientras el abuelo, apoyado en el alambre, alienta al mismo tiempo que
se humedecen sus ojos. El destino en este caso jugo a dos toques y agradezco
por eso.
El cocinero calculaba con una precisión increíble la cocción
de la milanesa para que cuando el viajero llegue ya esté lista. En ese dia el
ya mencionado comensal llegó mas tarde y la milanesa se quemó un poco. En estas
situaciones uno tiene que tomar la mejor decisión en fracciones de segundos;
como un delantero en el área. El chef decidió cubrir de salsa de tomate, jamón
y queso a dicha milanesa esperando que el resultado sea un golazo. El plato
llego a la mesa en donde esperaba el viajero agitado luego de tirar una
diagonal para no llegar tarde y ahí su asombro. Lejos de cuestionar la improvisación
decidió empujar el primer bocado a la red y el gol se gritó fuerte; así nació
la comida preferida del Titi: La milanesa a la Napoli, ahora más conocida como
milanesa a la napolitana.
Se pueden sacar varias moralejas de estas historias
cruzadas. La del tátara tátara tío Fernando Paternoster que jugo un mundial,
también del porqué de su comida preferida y su hermoso origen, del cambio de
decisión de atajar a ser el 9 y terminar diciendo que es todo ciencia ficción,
pero no es cierto.
Hablar de filosofía para tratar de entender decisiones de un
nene de 11 años quizás no sea normal, pero en este caso fui inocente y no debí
decir la edad del protagonista. Tendría que haber dejado que ustedes la
deduzcan.
Peter Parker fue un jovencito de Queens que tuvo que tomar
decisiones importantes a una corta edad; ser o no Spiderman.
Alejandro Garnacho decidió jugar para el país en donde nació
su mamá, pese que él nació en España. Esa decisión la tomo de muy joven.
Ambos son los ídolos del Titi, un nene al que le gustan las
milanesas a la napolitana, que se enoja como grande, se ríe como nene y toma
decisiones sabias.
En fin, un pequeño
gigante.




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