El Chango




 

¡Quiero seguir jugando!

Esta Frase que esbozo el changuito es anacrónica, aplica a cualquier época de su vida, pero la dijo, entre lágrimas, el domingo 25 de mayo del 2025 en la cancha del social Santa Teresita. Le dijimos que no, que debía dejar la redonda por un tiempo. El culpable de dicha decisión lejos está de ser un compromiso familiar u otro motivo; fue por un maldito pozo.

Nació el 25 de noviembre del 2014 a las 17:22hs, le dicen “El chango” y esta es su historia.

Debo confesar que esquive contar esta historia porque tengo que hablar de mi hijo y quizás se revise en el V.A.R la objetividad del relato y está bien, pero también gano minutos, caminando lento a buscar la pelota a la hora de la información: está fresca en mi mente todo el tiempo.

Hay analogías que pueden ser divertidas, feas e inevitables al mismo tiempo. Un 25 de noviembre del 2020 pasaba a la eternidad futbolera un tal Diego Armando Maradona. También en esa fecha de noviembre en 1915 un físico loco decía que todo es relativo y acá comienza esta historia divertida.

El mar siempre será testigo de cualquier historia futbolera costera y más cuando se levanta de buen humor y nos da lugar para que la pelota corra y comenzar algo lindo.

Agosto es enemigo de las camisetas de futbol, te obliga a una campera si o si, pero nunca le pudo ganar a la pelota, y ahí estaba Alejo (No era changuito aun) jugando a pases de primera con papá mientras mamá grababa recuerdos.

La camiseta con el numero 10 detrás lleva un peso y es lindo saber cargarla, pero nunca fue su objetivo.

Celeste es hincha de Boca como su papá Franquito. Quizás no sabe cómo es el 11 bostero hoy, pero fue la que inicio todo. En los inicios de Alejo en escuelita del social fue la que me pidió paciencia ya que, con 4 años, él no se animaba a ir a la práctica. Su docencia y pragmatismo logro lo que vendría después.

¡Profe, quiero que me digan changuito, por el changuito zeballos!

Acá nace el apodo mas lindo, y se lo ganaría por atrevido, carácter y simpatía: El Chango Alejo.

Fluctuaciones entre Batman y Spiderman para decidir cuál sería la cara de esa remera quedaban atrás cuando una camiseta de fútbol aparecía en el horizonte. Después del sol estaba la más linda, esa tatuada en el pecho que variaba entre el azul y negro de la décima y la de rayas hermosas que adornaban las categorías siguientes. Así empezaba la leyenda que transformaba el diminutivo apodo al increíble “DALE CHANGO” en las tribunas.

De 9, de 7 y hasta de 4, no importaba el lugar en la cancha cuando los amigos y la pelota están en la misma mesa.

María Teresa y Graciela son las abuelas del Chango, una es de River y la otra no suele ver de cerca el verde césped futbolero; acá también sucede la magia del 10.

La pasión también tiene esos matices relativos; podes invertir tu tiempo en virtud de hacer feliz a otro, aunque no lo compartas.

Debería hacer una encuesta, obtener opiniones diversas para que este relato no carezca de objetividad y lograr una historia que realmente me sorprenda, pero debo ser sincero; necesito decirle todo esto a mi 10 y a los que están siempre. Al menos para que mi emoción no quede huérfana. En nombre de tu mamá, de tus abuelos, tus tías y tus amigos (Estoy seguro que hablo por todos ellos) Gracias por asumir que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, que tenes el mundo en tus manos y estás haciendo algo bueno con él, que todos deben tener una recompensa por tener fe y por bancar qué tu papá sea más infantil que vos.

Serás siempre mi súper héroe Chango.

Lo dijo el gran Fontanarrosa

¿Qué deseas para tu hijo?

Que sus amigos sonrían al verlo llegar.

Ya lo lograste.

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